BlasMat

El tren (fotográfico) de la vida

Hay una frase que siempre me ha encantado en la vida, comparádola con un viaje en tren… Con gente que sube y baja, que llega a tu viaje o te deja, que te acompaña por un tiempo más o menos corto o largo, intenso o simplemente dejando un ligero aroma, gente que ni siquiera te das cuenta que te han dejado u otras que dejan un gran vacío cuando se van, estaciones que pasan, lugares, rincones…

Y la fotografía es igual… El primer rayo de luz lo recibimos al nacer… Y el último el día que nos vayamos… Y no importa cuanta luz hayamos captado en el camino, sino la calidad de esos momentos, de esas fotos… A veces la luz te ciega y tienes que apagarla con tiempos y diafragmas, a veces la luz es pequeña, pero te inspira a plasmar ese pequeño detalle que de otro modo igual ni habrías apreciado.. La luz te enseña, te educa, te muestra que tiene muchas caras y que en nosotros está amarla y saber sacarle toda la intensidad que tiene en todas sus facetas.

La luz te trae personas que te hablan de sus mil caras, de sus mil formas, de sus mil detalles… Personas con las que aprendes, con las que compartes, personas que pasan y se van dejando sus enseñanzas, sus consejos… O llevándoselos… Se quedan un tiempo, van y vuelven, aparecen cuando las necesitas o cuando te necesitan, otras simplemente pueden compartir risas y luz por unos momentos, otras pretenden quedarse mientras la luz les deje, mientras la luz nos acompañe, otras en la luz se extinguen para siempre… Como la vida misma.

A vece sueñas con un a luz, con una foto, con un encuadre, con una persona que te acompañe, con un momento mágico que dejar plasmado… Llega o no llega, la luz es caprichosa también… O a veces llega pero de otro modo, sorprendiéndote, enseñándote que ella es más rica en matices de lo que creías y te rindes a su particularidad. Y otras veces la fabricas, la emulas, quieres controlarla poniendo tú esa luz de modo artificial. Hay miles de variaciones y las quieres probar todas. Todo es luz. Esa luz es nuestra vida. Nos viene regalada o la creamos artificialmente. La interpretamos o la modificamos. La deformamos o la dejamos fluir a su antojo… Pero siempre nos acompaña a los que la adoramos y veneramos para inmortalizarla en nuestras fotos.

Y, como en la propia vida, lo mejor es cuando la compartes, cuando la disfrutas en compañía, cuando la regalas y te la regalan, cuando caminas junto a alguien en ese sendero iluminado. 

David y yo, hemos decidido caminar juntos en nuestro deambular buscando nuestra luz, nuestra manera de verla, de interpretarla…

Irá cambiando, seguro, nosotros lo haremos, pero sobre todo, disfrutaremos de ese viaje, fotográfico y de vida.